¿Qué hace una profesora de Lengua y Literatura en Madrid? Pues, no puede hacer otra cosa que leer –además de pasear por las calles arremolinadas y ver museos, plazas, edificios y monumentos-, y repito: no puede hacer otra cosa que leer. Pero ustedes dirán que si no lo hiciera, no estaría haciendo honor a lo que ama hacer. Pues no, porque Madrid derrama ríos –de mayor tamaño o longitud que el Tajo- de libros, periódicos, letras y letras a la calle.
Así, te regalan por lo menos dos periódicos en el metro cada mañana. Hay “bibliometros” y fragmentos de poemas en las paredes de las estaciones y otros fragmentos de textos de autores iberoamericanos (léase americanos y españoles), pegados en los vagones y en los autobuses de toda la red de metros, gracias a la iniciativa “Libros a la calle”, que pretenden lanzarlos fuera de los espacios convencionales, como la escuela, las bibliotecas y el hogar.
Pero, por si fuera poco, fuera del metro, en la calle, los quioscos están atestados de ediciones económicas, pero de muy buena calidad, de obras completas de autores de habla hispana (Cortázar, Sábato, Machado, Lorca, Bécquer, etc.), de clásicos y de obras filosóficas reconocidas, como la Poética o la Retórica de Aristóteles, sin contar que en cada cuadra puede uno encontrarse con bibliotecas públicas, populares, universitarias, municipales, etc. etc.
Aún más, en octubre del año pasado, en el Predio Ferial de Madrid, enorme por su envergadura y construcción, albergó como cada año la Liber de Madrid, una versión semejante a la Feria Internacional de Libro de Buenos Aires, pero de esta capital, que contó con la asistencia de bibliotecarios, agentes literarios, editores, docentes, investigadores y, por supuesto, público en general, de Europa, Estados Unidos y países latinoamericanos, que pudieron exponer y asistir a conferencias relacionadas con el mundo editorial, desde distintas perspectivas. Un dato llamativo es que, en esta feria, las editoriales no venden sus libros, sino que los… REGALAN. Imagínense, para una conciencia afectada por la crisis económica argentina y por los precios elevados, parece cosa de otro mundo. De “primer mundo” diría yo, simple docente de un país tercermundista en vías de desarrollo, que muere a fin de mes, presa de la compra de algún libro y eso significa, en términos económicos, tener que renunciar a otros artículos, porque los libros son prioridades, no lujos, aunque los precios demuestren lo contrario. Y si a esto le sumamos la realización de una feria de “Libros usados y viejos” (que de usados y viejos no tienen más que las fechas de publicación), donde pueden encontrarse ediciones inhallables de clásicos, como por ejemplo, las colecciones de obras completas de Editorial Aguilar, el panorama se completa con los 30 stands ubicados estratégicamente en el Paseo de Recoletos, a pasos de la fuente de la Cibeles en pleno Madrid.
Si después de todo lo que he visto y les he contado, no entienden por qué ya no se trata de leer sólo porque soy una obsesiva de los libros, pues deberé contarles que tener un libro en la mano, mientras uno camina por Madrid es tan corriente como llevar una cartera o cuidar esa cartera en plena peatonal Sarmiento de mi ciudad natal, a las 10 de la noche de un sábado, ya se imaginarán, por la inseguridad reinante en mi país.
En fin, tan sólo espero, y es todo un deseo, que algún día en mi querida Mendoza, los libros salgan a la calle, libres, para pasar de mano en mano, tal como promulgan por estos días un grupo de jóvenes[1] con la admirable – y ojalá imitable- iniciativa de dejar los libros libres…
Lic. María Victoria Diumenjo- Mendoza- Argentina
Magister en Alta especialización en Filología Hispánica- Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- Instituto de la Lengua Española/ Fundación Carolina- AECI
vickydiumenja@gmail.com
Así, te regalan por lo menos dos periódicos en el metro cada mañana. Hay “bibliometros” y fragmentos de poemas en las paredes de las estaciones y otros fragmentos de textos de autores iberoamericanos (léase americanos y españoles), pegados en los vagones y en los autobuses de toda la red de metros, gracias a la iniciativa “Libros a la calle”, que pretenden lanzarlos fuera de los espacios convencionales, como la escuela, las bibliotecas y el hogar.
Pero, por si fuera poco, fuera del metro, en la calle, los quioscos están atestados de ediciones económicas, pero de muy buena calidad, de obras completas de autores de habla hispana (Cortázar, Sábato, Machado, Lorca, Bécquer, etc.), de clásicos y de obras filosóficas reconocidas, como la Poética o la Retórica de Aristóteles, sin contar que en cada cuadra puede uno encontrarse con bibliotecas públicas, populares, universitarias, municipales, etc. etc.
Aún más, en octubre del año pasado, en el Predio Ferial de Madrid, enorme por su envergadura y construcción, albergó como cada año la Liber de Madrid, una versión semejante a la Feria Internacional de Libro de Buenos Aires, pero de esta capital, que contó con la asistencia de bibliotecarios, agentes literarios, editores, docentes, investigadores y, por supuesto, público en general, de Europa, Estados Unidos y países latinoamericanos, que pudieron exponer y asistir a conferencias relacionadas con el mundo editorial, desde distintas perspectivas. Un dato llamativo es que, en esta feria, las editoriales no venden sus libros, sino que los… REGALAN. Imagínense, para una conciencia afectada por la crisis económica argentina y por los precios elevados, parece cosa de otro mundo. De “primer mundo” diría yo, simple docente de un país tercermundista en vías de desarrollo, que muere a fin de mes, presa de la compra de algún libro y eso significa, en términos económicos, tener que renunciar a otros artículos, porque los libros son prioridades, no lujos, aunque los precios demuestren lo contrario. Y si a esto le sumamos la realización de una feria de “Libros usados y viejos” (que de usados y viejos no tienen más que las fechas de publicación), donde pueden encontrarse ediciones inhallables de clásicos, como por ejemplo, las colecciones de obras completas de Editorial Aguilar, el panorama se completa con los 30 stands ubicados estratégicamente en el Paseo de Recoletos, a pasos de la fuente de la Cibeles en pleno Madrid.
Si después de todo lo que he visto y les he contado, no entienden por qué ya no se trata de leer sólo porque soy una obsesiva de los libros, pues deberé contarles que tener un libro en la mano, mientras uno camina por Madrid es tan corriente como llevar una cartera o cuidar esa cartera en plena peatonal Sarmiento de mi ciudad natal, a las 10 de la noche de un sábado, ya se imaginarán, por la inseguridad reinante en mi país.
En fin, tan sólo espero, y es todo un deseo, que algún día en mi querida Mendoza, los libros salgan a la calle, libres, para pasar de mano en mano, tal como promulgan por estos días un grupo de jóvenes[1] con la admirable – y ojalá imitable- iniciativa de dejar los libros libres…
Lic. María Victoria Diumenjo- Mendoza- Argentina
Magister en Alta especialización en Filología Hispánica- Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)- Instituto de la Lengua Española/ Fundación Carolina- AECI
vickydiumenja@gmail.com
Enlaces mencionados:
librolibremza@yahoo.com.ar
librolibremza@hotmail.com
http://www.librosalacalle.com/
[1] Un grupo de jóvenes lanzó la iniciativa en Mendoza, como en otro lugares del mundo, de dejar un libro en los lugares públicos (plazas, calles, autobuses, etc.) como “regalo” para los transeúntes ocasionales.
