Las palabras son seres andantes. Caminan de boca en boca, de renglón en renglón. A veces vuelan con el viento de una tarde de otoño o se apretujan con el calor de verano. En primavera se visten de colores y salen luminosas a decir piropos a las provocativas faldas que desfilan por los parques. El invierno las arrulla al calor del fuego, pero ahi se quedan, flotando en el silencio de dos cuerpos acurrucados.
Las palabras son amigas que nos ayudan a decirles a los que amamos que siempre estamos pensando ellos. Las palabras tienden puentes y se elevan más allá del tiempo o del océano, para nombrar lo que necesitamos habitar.
En las noches, como esta, me consuelan. Me recuerdan que no estoy sola en esta habitación. Me llevan inmaterial adonde me estás leyendo. Me abrochan a tus ojos y de ahí, parten raudas a tus entrañas, para que me sientas.
Este espacio es sólo eso. Un espacio en el medio de la nada para llegar a vos. Un rinconcito tibio para encontrarnos. Aquí te espero.

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